La familia es nuestro espejo. Este mes, la intención de nuestra comunidad es la familia, y hoy quiero hablar de la unión. Casi siempre es un ideal, pero en realidad es una lección. Una lección que a veces duele, pero que resulta ser el puente que nos conduce al amor.
La unión es inevitable. La necesitamos para decidir, para mudarnos, para sostenernos cuando estamos tristes… y también, aunque suene raro, hay unión cuando estamos enojados.
¿Por qué? Porque es con la familia con quienes nos mostramos realmente.
Afuera, podemos aparentar: en el trabajo, en el supermercado… simplemente nos secamos las lágrimas, dibujamos la sonrisa y seguimos. Le contamos a alguien y nos victimizamos. Pero en casa sí somos vulnerables y no hay máscaras. En casa descargamos todo: la completa felicidad o la total frustración. Sin disimular. Sin máscaras.
A veces tomamos distancia o dejamos de hablar porque nos gana el ego o el dolor. Puede que lo hagas por tu salud mental, y está bien.
Pero vale la pena mirar esto con honestidad: si sigues con resentimiento, el sufrimiento crece. Aunque no parezca, incluso en el resentimiento hay una “conexión”: hay ADN, hay recuerdos, hay historia… y a veces nos quedamos atadas a esa historia juzgando, criticando o repasando lo que dolió una y otra vez. Esa es la trampa del ego.
La queja puede mantenernos unidas, sí… pero unidas en sufrimiento. Y el sufrimiento no se va: al contrario, crece.
Afortunadamente, hay un camino para pasar de esa unión dolorosa a una unión virtuosa: la gratitud. No se trata de redimir a alguien. Se trata de dejar de sufrir. Porque si sigues con resentimiento, sufres… y el sufrimiento enferma.
La gratitud es solo un recurso (de muchos) para volver al amor y abandonar la queja. Seguramente también habrá que perdonar, y de eso hablaremos en otro momento.
Por ahora, agradece para que esa unión que anhelas la empieces a recobrar contigo misma. Al fin y al cabo, siempre regresamos al amor: por el camino largo o por el camino corto. en el camino largo sufres… y tú no tienes que cargar con eso. No lo mereces.
qué tal estas pequeñas intenciones:
Deja de aguantar y habla con la verdad. Aunque sientas confusión, dilo: “Siento confusión”. Aunque no sepas qué hacer, dilo: “No sé qué hacer”. Si sientes parálisis, dilo: “Me siento paralizada”. Hablar libera.
Y activa tu gratitud: agradece 2 cosas muy pequeñas que siempre ignoras, pero que hoy te mantienen con vida. Respirar. Poder moverte. Sentir el sol. Hazlo en familia si puedes.
Siempre queremos mejorar. Piénsalo 5 Minutos.
¿qué necesita tu familia hoy para mantenerse unida? Déjalo en la sección de comentarios más abajo.
Necesito pelear menos
Hablar y criticar de su propia familia